Venus de Milo


Afrodita (Venus en la mitología romana), fue la diosa de la belleza, el amor y la sensualidad. Esta obra del periodo helenístico fue esculpida entre los años 130 A.C. y 100 A.C. Se encontró semienterrada en dos partes en 1820, en la Isla de Milo del mar Egeo (de aquí su nombre). Cerca de donde yacía sepultada había un antebrazo, que se cree era parte de la pieza, pero todavía no queda claro si éstas extremidades se perdieron durante su hallazgo. Lo cierto es que en 1821 Afrodita salió de Grecia y llegó a Francia para quedarse en el Museo del Louvre, donde aún hoy podemos apreciarla. La escultura fue hecha en mármol blanco, en varios bloques ensamblados, cuyas uniones no son visibles, su tamaño es ligeramente superior al natural (mide 211 cm.​, su pecho es de 121 cm., la cintura 97 cm. y su cadera 129 cm.).

Se desconoce la identidad del artista, pero hay quienes sostienen que pudo haber sido​ Alejandro de Antioquía. La pieza puede ser vista desde diferentes perspectivas, su pierna derecha sostiene todo el peso del cuerpo, dejando libre la pierna izquierda; el rostro voltea levemente hacia la izquierda, lo que rompe aún más la frontalidad de la obra. Si prestan atención, pueden ver como el cuerpo zigzaguea en forma de S, como en una línea serpentina. Por lo tanto, el movimiento predomina en esta obra, impacto dado también por el drapeado de la túnica que cubre la parte baja del cuerpo. Su pose es relajada, la expresión es calma y se destaca una anatomía precisa y sensual, principio fundamental de las representaciones que constituían los cánones de belleza de esa época. El torso de Venus está exquisitamente realizado, ya que el escultor talló de forma excepcional los pechos y su abdomen. Su rostro expresa pasividad, y el pelo aparece recogido de manera sencilla. La obra se hizo muy famosa ya que, además de su indiscutible belleza, durante el siglo XIX el gobierno francés hizo un gran esfuerzo de promoción. En 1815 Francia había perdido la Venus de Médici, la cual había sido saqueada de Italia por Napoleón, pero tras la caída de Bonaparte, la pieza volvió a tierras italianas. Tras esta pérdida, los franceses promovieron conscientemente la Venus de Milo como “un tesoro más grande, que aquel que ellos habían perdido”. Fue así que artistas y escritores de la época, la consideraron como el paradigma de belleza perfecto: femenina, atractiva y elegante.