Racionalismo arquitectónico

Hacia principios del siglo XX, se desarrolla el Racionalismo (también llamado Estilo Internacional), una corriente arquitectónica que se centra en la simetría, lo geométrico, líneas sencillas y funcionales, así como en materiales industriales. Este movimiento renunció a la ornamentación excesiva y otorgó una gran importancia al diseño simple y funcional, siendo una arquitectura fundamentada en lo racional.

Buscó economizar recursos, basándose en formas cúbicas, cilíndricas, rectangulares y cuadradas, defendiendo el uso de plantas y fachadas simples. Una de sus principales premisas fue lo funcional, subordinado el lenguaje arquitectónico a lo utilitario.

Empleando formas geométricas simples y estructuras regulares, las construcciones generan una tendencia hacia lo rítmico, engendrando en el mayor de los casos una ordenación vertical-horizontal.

A través de un lenguaje innovador, planteó un nuevo modo de interpretar la relación del ser humano con su entorno, dando lugar a nuevas maneras de concebir los espacios. Utiliza el diseño como herramienta para unificar lo funcional con lo estético, al mismo tiempo que se interesa por lo urbanístico: “la forma sigue a la función” (palabras de Louis Sullivan), es la premisa racionalista. Así, cualquier forma constructiva ha de reflejar el uso para el que ha sido concebida. Por ello elementos constructivos como vigas y pilares, deben dejarse a la vista, ya que forman parte del diseño formal desde el que se planifica una estructura.

Las formas rectilíneas y ortogonales, las composiciones volumétricas, las estructuras uniformes, la ausencia de simetría axial, los patios centrales vacíos, las fachadas sin adornos, los muros blancos y ventanas rectangulares, son los recursos más comunes de este tipo de arquitectura.


La apertura de la Bauhaus en 1919 (escuela de arquitectura, arte y diseño) dirigida por Walter Gropius, que preconizaba un estilo funcionalista, fue quizás el factor que impulsó el racionalismo arquitectónico. Durante los años siguientes al fin de la Primera Guerra Mundial, comenzaron a destacarse arquitectos como Le Corbusier, Ludwig Mies van der Rohe y el mismo Gropius, (considerados los máximos exponentes de la arquitectura racionalista), quienes contribuyeron a la difusión internacional del movimiento. Siendo un estilo de amplio alcance internacional, se extendió por toda Europa, Estados Unidos y numerosos países de latinoamérica y el mundo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el movimiento comenzó a decaer, aunque se siguió construyendo en estilo racionalista hasta 1970, mimetizándose con las nuevas tendencias en auge.