Otro retrato que escandalizó a París


Sensual, impúdico, lascivo e indecoroso así es el retrato de Virginie Amélie Avegno Gautreau (más conocido como Madame X). Corría el año 1883 en Francia, y el pintor estadounidense John Singer Sargent retrataba a la esposa del banquero francés Pierre Gautreau. La pintura se exhibió por primera vez en el Salón de París de 1884, provocando un gran escándalo. Resultaba imperdonable que una mujer de sociedad, conocida dentro de la élite parisina, haya posado con tal abierta provocación.

El cuadro muestra a la joven orgullosa de su apariencia, con cierta osadía, luciendo un vestido negro ceñido al cuerpo con tirantes de piedras preciosas (en realidad el vestido es encorsetado y los breteles un agregado del artista). Su piel es muy pálida, contrastando con el color lóbrego del vestido y del entorno. Gautreau se encuentra de pie, con el torso de frente pero la cabeza girada, un brazo extendido se apoya con la mano sobre una mesa baja, enfatizando su elegante y sensual silueta; unas sirenas adornan el pie de la mesa y una tiara en forma de luna creciente corona su cabeza. Virginie Avegno nació en Nueva Orleans (Estados Unidos), tras la Guerra de Secesión se trasladó con su madre a Europa y muy pronto ambas ocuparon un destacado lugar en la sociedad parisina. Virginie se casó con Pierre Gautreau y a partir de entonces se convirtió en una incansable anfitriona. Ella era admirada y reconocida por su agitada vida social y su exuberante belleza Por su parte, John Singer Sargent, nació en Florencia (Italia) durante uno de los viajes de su padre, vivió casi toda su vida en Europa. Decidió estudiar pintura en París, donde inmediatamente ocupó un lugar considerable como retratista. Ya de mas grande, viajó a conocer América, en donde aumentó significativamente su fama. Él nunca abandonó su nacionalidad estadounidense. Hay quienes dicen que sintió una gran atracción por Gautreau, y que sus ganas de retratarla fueron casi obsesivas. Lo cierto es que tanto el pintor como su modelo, se esforzaron por crear esta obra juntos. Este retrato no era un desatino producto de la casualidad, sino de un esmerado trabajo en conjunto. Ambos quisieron crear una gran obra maestra, ella siendo la musa de un gran artista y el siendo el pintor que logró captar la fibra más pura de aquella refinada dama. Pero lo cierto es que, cuando la pintura apareció en el Salón de París, la mala recepción de la crítica y el público fue una decepción tanto para el artista como para Gautreau. Ella se vio humillada y Sargent tuvo que abandonar París e instalarse en Londres, donde comenzó a residir de forma permanente. Sargent mantuvo siempre el cuadro colgado en su estudio de Inglaterra. A partir de 1905, lo exhibió en varias exposiciones internacionales por diversas ciudades de Europa. En 1916, tras la muerte de Gautreau, lo vendió al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, escribiendole a su director: "Creo que es lo mejor que he hecho." Una segunda versión, sin terminar, con el tirante caído (en su forma original), se conserva en la Tate Gallery de Londres.