La bella ha llegado

“La bella ha llegado” eso significa el nombre de la primera gran esposa real del faraón Akenatón. Reina de la dinastía XVIII de Egipto, Neferu Atón Nefertiti vivió hace casi 3.500 años, entre 1370 y 1330 a. C., en un período fascinante de la historia egipcia. Hacia 1348 a.C. Ajnatón fundó la nueva capital del Imperio a 280 km. de Tebas, a orillas del río Nilo. Llamó a esta nueva ciudad Ajtatón, que significa “horizonte de Atón”. Estaba alejada del poder de los sacerdotes de Amón, ya que su principal función fue acoger el culto al nuevo dios solar Atón. La época en la que Akenatón y Nefertiti reinaron, se conoce como el período de Amarna, en alusión a la cercana localidad de Tell el-Amarna.


La belleza de Nefertiti fue legendaria, pero más allá de eso, se cree que ostentó un papel fundamental en la corte de Amarna. La pareja tuvo seis hijas, y su reinado revolucionó por completo la sociedad y las costumbres de aquel entonces.

El arte en Egipto, durante milenios inexpresivo y monumental, comenzó a dar paso a las emociones. Los artistas representaron en varias ocasiones a la familia real dándose muestras de afecto, llorando junto al lecho de muerte de una de sus hijas, o con las niñas en brazos.

Imágenes monumentales evocan a la pareja real en la intimidad y en proximidad de sus pequeñas, nunca el arte oficial había representado a los soberanos en escenas familiares y privadas.

Ojos almendrados, pómulos prominentes y elevados, labios carnosos, sensuales pero delicados, los retratos de Akenatón y Nefertiti participan de un nuevo canon creado durante el período de Amarna.

Orgullosa y majestuosa, su busto hipnotiza a millones de visitantes en el Neues Museum de Berlín (en la Isla de los Museos).


Hacia 1336 a. C., se pierde la pista de Nefertiti. Desaparece por completo de los escritos de los papiros y de los grabados en piedra. De su nada se sabe, al menos hasta que aparezca la tumba donde descansan sus restos.

Al morir Ajenatón hubo un breve reinado de Semenejkara, pero pronto fue sucedido por Tutanjatón, más conocido como Tutankamón, hijo de Ajenatón y de una hermana de éste, conocida como “La Dama Joven”.

Amarna existió muy poco tiempo como ciudad: doce años durante el reinado de Akhenatón y se supone que unos tres años más durante el de Tutankamón, momento en el se restituye la capital del Imperio a Tebas. Sin embargo, fue un período de una gran actividad intelectual, de notables innovaciones y de extraordinaria libertad. Así lo manifiestan las artes y la proliferación de ciertas iniciativas renovadoras. Ciudad cosmopolita, dinámica y creativa, Amarna representó, sin dudas, un momento único de la historia del antiguo Egipto.