Francesco Salamone: el arquitecto de la pampa

Hay quienes describen sus obras arquitectónicas como trágicas, excéntricas y hasta misteriosas. Francesco Salamone nació en Italia, pero emigró con su familia hacia Argentina, en donde se formó en el oficio de la construcción consiguiendo los títulos de arquitecto e ingeniero civil.

Sus primeros encargos los llevó a cabo en la provincia de Córdoba, realizando obras menores y viviendas particulares. Entre 1936 y 1940 comenzó a trabajar en la urbanización pública de los municipios del interior de la provincia de Buenos Aires, llegando a construir más de sesenta edificaciones en pocos años.

La principal característica de su estilo es el monumentalismo y la espectacularidad. Sus obras llegaban a elevarse muy por encima del entorno urbanístico que las rodeaba. Por ello, la arquitectura de Salamone nada tenía que ver con el contexto en el que erigió sus edificios, logrando un fuerte impacto en el urbanismo provincial.

A lo largo de su carrera realizó ayuntamientos, entradas de cementerios y mataderos, plazas, pórticos, veredas, mobiliario urbano y luminarias casi todas ellas en la provincia de Buenos Aires. Azul, Rauch, Laprida, Gonzales Chaves, Balcarce, Coronel Pringles, Tornquist, Guaminí, Saavedra y Adolfo Alsina son algunas de las ciudades que recibieron estos tótems arquitectónicos impresionantes, caracterizados por usos originales del espacio, torres altas, líneas rectas y simetría.

También dirigió proyectos de pavimentación.


En 1943 tuvo que exiliarse en Uruguay, tras ser acusado de corrupción en una obra pública en San Miguel de Tucumán. Volvió a la Argentina cuando los cargos fueron retirados, donde siguió trabajando. Con el tiempo, los gobiernos dejaron de valerse de sus servicios, por lo que falleció en 1959 prácticamente en el olvido profesional, eso sí, dejando una herencia arquitectónica monumental en la pampa argentina.