El regreso del hijo pródigo


Rembrandt pintó esta obra en 1662, está basada en la parábola del hijo pródigo, la cual forma parte del Evangelio de Lucas en la Biblia. El texto es el siguiente: En aquel tiempo, se acercaban a Jesús todos los publicanos y los pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús les dijo esta parábola: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde." Y él les repartió la herencia. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su herencia viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partidos hacia su padre «Estando él todavía cerca, vio a su padre y, conmovido corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente a la gente. El hijo le dijo "Padre, pequé contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado". Y comenzaron la fiesta. Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu herencia con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"

Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado." La escena representa el momento cumbre del perdón, cuando el padre recibe en sus brazos a su hijo arrepentido, quien se arrodilla ante él. El anciano lo acoge con un gesto amoroso y casi protector, expresando así sentimientos de misericordia y compasión. Coloca las manos amorosamente en la espalda de su hijo, mientras que el primogénito, observa la escena con cierta seriedad a un costado. La mirada del padre parece cansada, casi ciega, pero llena de cariño y emociones contenidas. La cara del hijo menor nos transmite su sentido arrepentimiento, mientras que en el rostro del hermano mayor se ve cierta resignación. El enfoque de la parábola no es el hijo menor, descarriado y rebelde que luego se arrepiente, sino el padre que a pesar de ello, puede perdonar a su hijo cuando regresa al hogar familiar. El mensaje está basado en el perdón, la misericordia, y la reconciliación plena y gozosa. El anciano no pide explicaciones, no exige nada, tan sólo perdona. El mensaje teológico que brinda esta parábola constituye la cimentación de la prédica de Cristo, siempre guiada a la conversión de los pecadores y al perdón de los pecados. El cuadro fue pintado bajo un potente claroscuro, se destacan dos focos lumínicos, uno sobre el abrazo entre padre e hijo, y el otro sobre el hermano mayor, que mira con seriedad la escena de reencuentro. Otras dos mujeres al fondo, y una cuarta persona se mantienen bajo cierta penumbra. La centralidad del cuadro, está basada en ese abrazo. Son manos que acogen, que envuelven, que sanan.

El fondo es oscuro, a fin de que resalte más la escena principal. La luz emana del anciano y vuelve hacia él. Destaca también el juego de colores: la gran túnica roja del anciano, la vestimenta rota en dorado del hijo pródigo, y el traje lujoso del hermano mayor.


En 1766 fue adquirido por Catalina la Grande, e instalado en la Residencia de los Zares en San Petersburgo, capital de la Rusia Zarista, en lo que hoy es el Museo del Hermitage, donde actualmente puede verse.