Dan Flavin y sus piezas de luz

Fue un artista activo a partir de la segunda mitad del siglo XX, que se desarrolló bajo el minimalismo norteamericano. Si bien se lo consideró uno de los fundadores de esta corriente, no compartió dicha clasificación a lo largo de toda su trayectoria artística.

Pionero en la utilización de luces fluorescentes como instrumento artístico, centró su trabajo en la construcción de objetos mediante tubos de neón.

A principios de los ‘ 50, se alistó en la fuerza aérea de los Estados Unidos, donde fue entrenado como técnico meteorólogo. Durante su paso por el ejército norteamericano, comenzó a visitar museos en ciudades como Washington DC y Nueva York, iniciando al mismo tiempo su propia colección de arte. Una vez finiquitado el entrenamiento en las fuerzas armadas, hacia 1955, ingresó en la Universidad de Columbia para estudiar Historia del Arte, pero no llegó a terminar la carrera. Tras dejar el ámbito académico, tuvo algunos empleos temporales que lo llevaron a trabajar en el área de correo del Museo Guggenheim y como guardia de seguridad y operador de elevador para el Museo de Arte Moderno de Nueva York (Moma). Estos trabajos le brindaron la oportunidad de conocer a artistas del circuito artístico neoyorquino, que posteriormente se convertirían en amigos y colegas.

Las primeras manifestaciones de Flavin, se dieron en el ámbito de la acuarela, la fotografía y el collage, experimentando con materiales y técnicas más “convencionales”. Pero Daniel encontró su maduración artística cuando, después de 1961, comenzó a trabajar con luces tipo bombilla.

Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías industriales le permitieron cambiar dichas luces incandescentes por las fluorescentes, creando así objetos o piezas de luz.

Sus obras se volvieron transformadoras de atmósferas, alterando el espacio en las que fueron instaladas, utilizando colores como el rosa, azul, rojo y amarillo. Con sus piezas planteaba un juego entre el lugar que las alojaba y el punto o la línea de luz, que consiste en la interrelación entre espacio, luz natural, luz eléctrica y los cambios que se producen en la mirada.

Eran obras que tenían la capacidad de recrear la ley de experiencia, llenando por completo de luz los espacios en los que se encontraban.


Durante el resto de su vida, Flavin continuó desarrollando nuevas instalaciones, aumentando cada vez más su tamaño y siendo mucho más meticuloso en la selección del espacio en el que desarrollaba sus instalaciones. Utilizando siempre materiales industriales, conociendo las posibilidades retinianas de la visión y modificando por completo el entorno, cada una de sus obras presentó así, una nueva realidad dentro del espacio expositivo.