Arte de África


Son muchas y diversas las manifestaciones artísticas que se han dado en el continente africano. Lo primero y principal es comprender y reconocer que, lo que entendemos por arte hoy en día, no fueron más que objetos de tipo mágico-religioso. Los distintos pueblos que habitaron en África, se caracterizaron por tradiciones similares aunque no iguales, ya que cada una de las culturas tuvo sus propios usos y costumbres. Fueron civilizaciones que se desarrollaron desde la prehistoria: Nok, Benin, Ife, Ashanti, Dogones, Fang, Luba, Bamum, Bakuba, Bacongo todos ellos fueron reinos que coexistieron con sus propias tradiciones y religiones como la Yoruba o la Animista (con el tiempo también llegó el Islam).

Las temáticas que se representaban giraban en torno a la fertilidad, el culto a los antepasados y por extensión la espiritualidad. En estas sociedades con economías basadas en la agricultura y ganadería, los rituales estaban íntimamente vinculados a la fecundidad de la tierra. La muerte era otro tipo de rito que generó una gran producción de piezas. Se pensaba que, de algún modo, los antepasados estaban aún presentes y tenían la capacidad de influenciar en sus vidas, por lo qué había que complacerlos y por ellos se propiciaban ceremonias y hasta objetos de culto. La religión de algún modo fue la fuerza que reguló todo lo que hacían. De hecho, el fetiche fue un objeto de poderes ficticios, una suerte de amuleto que no tenía fuerza en sí mismo, sino que era el soporte material que el hombre le había otorgado dentro de un ámbito ritual, Se usaban para obtener protección y alejar a los malos espíritus. Una vez cumplida su función, se desecha y perdía su valor. No construyeron grandes santuarios, sus capillas y templos eran muy sencillas, aunque detrás de esa simplicidad existía un complejo sistema de homenajes y conductas sociales. Máscaras y trajes también forman parte de su producción, se los utilizaba para comunicarse con las divinidades a través de bailes y danzas rituales. Otros objetos de prestigio además de las esculturas fueron asientos reales, bastones de mando, tejidos, cerámicas y joyas, destinados a exaltar el poder de sus propietarios. Hay grandes diferencias estilísticas de unas zonas a otras, en las figuras encontramos desde objetos muy esquemáticos, hasta piezas muy naturalistas. Aunque casi todas tienen en común la simetría, se le daba más importancia a la cabeza y partes genitales (fecundidad), mientras que se le prestaba menos interés a las piernas, que se solían representarse más cortas.

El corazón de África siempre fue el ritmo, y ello es algo que aún hoy en día sigue presente. Tanto en la danza, como en cierto tipo de manifestaciones artísticas, el compás y la cadencia son una parte esencial de lo que se representa.

Todo en África es baile y ritmo.


El interés científico y, sobre todo, económico de Europa por África no se desarrolló sino hasta mediados del siglo XIX. A partir de esa fecha, sucesivas expediciones llegaron al continente y nutrieron de piezas los museos y colecciones privadas de las grandes metrópolis europeas, que se llevaban piezas y objetos de culto como una suerte excentricidad.

Es a partir de principios del siglo XX, cuando este “arte” comienza a ser apreciado en Occidente, primero por los representantes de la vanguardia y después por los grandes museos y el público en general.