Kitagawa Utamaro


Fue un pintor japonés del periodo Edo, nacido en 1753 en lo que hoy es la ciudad Tokio. Está catalogado como uno de los mejores artistas de estampa japonesa. Su obra llegó a Europa a mediados del siglo XIX, donde se hizo muy conocida y gozo de una gran aceptación sobre todo en Francia, influyendo a los pintores impresionistas del momento. Kitagawa tuvo una producción muy variada, en la que se destacan los retratos de mujeres conocidas como bijin-ga, realizó estudios sobre la naturaleza y llevó a la práctica libros ilustrados de bichos. Falleció en 1806, también en Tokio. Pero antes de empezar a hablar de Utamaro, quiero hacer una breve introducción de lo que fue el periodo Edo y la pintura japonesa de ese momento.

Periodo Edo Se conoce así al periodo que se inicia en el siglo XVII, cuando Ieyasu Tokugawa asume el poder y traslada la capital de Japón a Edo (lo que hoy es Tokio). En ese entonces dicha ciudad era un puerto pesquero no muy importante, pero desde allí logró establecer una dinastía firme que gobernó durante casi dos siglos (ya que el periodo Edo finalizó hacia mediados del siglo XIX). Durante este tiempo se estableció un régimen de tipo militar, en donde el reino estuvo sometido al emperador. Fue durante éste periodo que se cerraron las fronteras, y tras una serie de decretos emitidos entre 1633 y 1639 Japón quedó aislada del mundo. Puntualmente, en 1635, se prohibió que cualquier persona saliera del territorio japonés y se dispuso que, si lo hacían, jamás podrían volver a entrar; aquellos que se encontraban radicados en el exterior, tenían prohibido el regreso. A pesar de este severo contexto, lo que caracterizó estos dos centenarios fue un gran desarrollo económico, social, institucional y cultural Pintura japonesa del periodo Edo Durante estos dos siglos, no se produjeron renovaciones o progresos en cuanto a la escultura y la arquitectura. Las artes decorativas y las artesanías, en cambio, sí tuvieron un despunte; mientras que la cerámica quedó bajo el dominio de la pintura, la cual llegó a desarrollarse al desligarse de la iconografía religiosa. Se comenzaron a pintar paisajes y escenas de la vida cotidiana que crearon géneros típicos del Japón. Se pintan las anécdotas de todos los días, las vistas y pequeñas representaciones con una sola figura; es dentro de este contexto que aparecen los retratos de jóvenes muchachas que se denominan bijin-ga. Fue para ésta época que aparecieron lo que se conoció como estampas japonesas o Ukiyo-e. Ésta técnica en realidad se utilizaba desde siglos anteriores para la ilustración de libros, solo que ahora se imprimían las imágenes en tinta negro y luego se coloreaban a mano.

La obra de Kitagawa Utamaro Poco se conoce sobre su vida, y de hecho hay distintas versiones sobre su verdadero lugar y fecha de nacimiento, por lo que decidí tomar como válida la que expuse previamente: año 1753, en la ciudad de Edo. Otra cuestión a tener en cuenta es su verdadero nombre: en realidad se llamaba Kitagawa Ichitaro. Utamaro fue alumno del pintor Toriyama Sekien, en sus comienzos cambió su apodo por el de Utagawa Toyoaki y bajo este seudónimo produjo sus primeros trabajos. Con el correr del tiempo, fue adoptando otros pseudónimos y recién en 1781 se hizo llamar Utamaro. Primero se formó dentro de lo que fue la escuela de Kanō, pero cuando se convirtió en discípulo de Sekien, se instruyó en el Ukiyo-e. En un inicio se dedicó al estudio de los temas de la naturaleza, publicando una gran cantidad de libros ilustrados, entre los que se encuentra “Los insectos”, de 1788, uno de los más conocidos. Ya para éste entonces, gozaba de cierta fama y prestigio. Hacia 1791 se concentró en la producción de retratos de mujeres, lo que era muy común para éste entonces eran los grabados de grupos femeninos. Las primeras figuras que ejecutó Utamaro en este periodo, fueron de prostitutas de gran encanto. Es sin dudas, el artista que más se destacó en la representación de doncellas, a quienes idealizaba representándolas con cuellos largos y hombros delicados, muy lejos de la apariencia real de las jóvenes de la época. Bijin-ga es el término que se utiliza para hacer referencia a estas ilustraciones, significa algo así como “imágenes de mujeres bonitas”. Estas respondían al ideal de belleza que en ese entonces imperaba.

El retrato de Utamaro en cambio es diverso y amplio, está en línea con la tradición japonesa, que sin embargo, él interpreta de una manera muy personal. Predomina el encanto femenino en todos sus aspectos, la delicadeza, las sutilezas y refinamientos en su máximo esplendor. Ofreció un nuevo ideal de feminidad: delgada, distante y con modales reservados; popularizó la moda de la silueta larga en las mujeres, dándoles a estas figuras proporciones poco realistas. Como explique anteriormente, Utamaro plasmó el cuerpo femenino en diferentes fases: una más cortesana, donde se dedicó a representar damas de clase alta, escribiendo poesía o tocando diferentes instrumentos; luego una fase en la que realizó obras de naturaleza más informal, donde se puede ver a una mujer más casual, arreglándose el pelo o vistiéndose. Así, ya esté despeinada o desvistiéndose, alcanza la sensualidad y elegancia del cuerpo femenino de manera eminentes. También son de este periodo, una serie de grabados que realizó sobre la mujer en su rol de madre, algo poco común en las obras de esta época. En toda esta producción, en la que se exploran los diferentes matices de la belleza femenina, puede verse un hilo conductor: su pasión por la delicadeza femenina, esa que impregna en sus retratos.

Además de las escenas románticas ambientadas en la naturaleza, compuso temas como retratos de amantes y visiones eróticas de Yoshiwara. Utamaro supo cautivar al público japonés y su éxito, en gran medida, estuvo impulsado por los acontecimientos políticos y sociales de la época Edo: el florecimiento de la clase burguesa en medio de una civilización acaparada por la aristocracia, el ejército y el clero. Una de las series más atractivas visualmente es “Las doce horas en Yoshiwara”. Resulta que en Japón, el paso de las horas se contabilizaba de la siguiente manera: eran doce períodos de dos horas cada uno, que se conocían por los doce signos zodiacales asiáticos (la rata, el buey, el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, la oveja, el mono, el gallo, el perro y el cerdo). Utamaro plasmó estas doce horas japonesas a través de grabados de encantadores grupos de mujeres de elegantes poses; las figuras son sobrias, prolijas, de líneas delicadas. Pero lo que más se destaca en esta serie son los trajes, ya que logró vestidos de motivos refinados de marcados pliegues pero con cierta inmovilización. La minuciosidad de los detalles, la frescura del trazo y su gran destreza para trabajar la transparencia, el degradado y las diferentes texturas predominan en esta serie.

Sin embargo, en los primeros años del siglo XIX, su talento y producción incesante comenzaron a perder la originalidad y mística que en un principio tuvieron. El artista envejeció junto con el hombre, y sus composiciones empezaron a cambiar: las figuras se volvieron más voluminosas, redondas, gruesas y las siluetas femeninas se tornaron pesadas. También comenzó a incorporar el retrato de hombres, a los que representaba de forma caricaturesca y grotesca; no tuvo reparo en ridiculizar a los sabios de las leyendas sagradas. Apoyando su inmensa popularidad, publicó una sátira con imágenes del famoso shōgun Toyotomi Hideyoshi con sus concubinas. Pero este acto “desmedido” terminó por conducirlo a la desgracia. El trabajo fue considerado un insulto y Utamaro fue arrestado por violación de las leyes de censura y encarcelado. Esta experiencia resultó ser extremadamente humillante para él, exhausto y roto ya no pudo volver a componer ni a presentar ni la más mínima audacia; por lo que fue el fin de su carrera. Murió dos años después, en 1806 a sus 53 años, en Tokio.

Con el fin del periodo Edo, en 1868, Japón se abre al mundo nuevamente. Fue el inicio del periodo Meiji, dentro del cual se firmaron acuerdos comerciales con Estados Unidos y Europa, lo que originó el desembarco en Occidente de piezas de arte y artesanías japonesas (entre ellas sus estampas). Esta abertura al mundo, impulsó la I Exposición de Arte y Diseño Japonés en Londres y la participación de Japón en la Exposición Universal de París (1889). Ya para ese entonces, el arte japonés había logrado despertar un gran interés en la capital de la modernidad del siglo XIX: París. La estampa japonesa produjo una fuerte influencia en los artistas impresionistas del momento. Sus recursos estilísticos típicos impactaron en el dibujo lineal, el uso de colores planos y el tipo de encuadre recortado, entre otras técnicas que occidente fue incorporando. Muchos son los artistas europeos influidos por el Ukiyo-e fueron Manet, Toulouse-Lautrec, Degas, Renoir, Monet, Pissarro, Paul Gauguin y sobre todo Van Gogh y Gustav Klimt. Utamaro fue un pintor que ejerció un gran ascendiente en el trabajo de sus coterráneos contemporáneos, como es en el caso de Katsushika Hokusai; así como de ulteriores artistas de estampa japonesa. Y, como mencione al comienzo de esta exposición, su obra llegó a Europa tras la reapertura de los puertos de Japón. Por ello es innegable su influjo en la pintura europea. Fue un artista osado, audaz, diferente y decidido, que supo ir más allá de lo que una sociedad tan tradicionalista y reaccionaria como la del Japón permitía; de aquí su final tan injusto.