Yayoi Kusama y sus redes infinitas


Muchas veces escucharon hablar de ella como “la artista que pinta lunares”, en realidad Yayoi Kusama es una artista plástica japonesa que trabaja en pintura, collage, escultura, performance e instalaciones. Su obra está basada en el arte conceptual con una fuerte impronta minimalista, surrealista, de arte pop y expresionismo abstracto; junto con un fuerte contenido sexual, autobiográfico y psicológico. Nació en 1929, cursó sus primeros estudios de arte en Japón y pronto se interesó por los movimientos de vanguardia. En 1957 se mudó a Estados Unidos, en donde se vio fuertemente influenciada por el expresionismo abstracto. Logró captar la atención del público cuando realizó una serie de happenings en los que pintaba a los participantes desnudos, con lunares de colores brillantes. En 1973 regresó a Japón y sufrió un gran impacto al encontrarse con un arte mucho más conservador que el que venía transitando en Nueva York. Padeció problemas psiquiátricos que, en 1977, la obligaron a internarse voluntariamente; desde entonces vive ese hospital desde donde produce su obra (también tiene un taller cerca de la institución); además de haber escrito varias novelas, poesía y una autobiografía. También realizó grandes trabajos en el campo de la moda y creo destacados films. Ya en Japón, antes de irse a Estados Unidos era una artista reconocida, para 1950 representaba formas naturales en acuarela, gouache y aceite en papel. Allí fue cuando comenzó a cubrir grandes superficies (paredes, pisos, lienzos y más adelante objetos y cuerpos desnudos) con lunares, los cuales terminaron por convertirse en la marca personal de su trabajo. Esos campos de lunares o "redes infinitas" (como ella las llamaba), las tomaba directamente de sus alucinaciones. En Estados Unidos produjo happenings en lugares como Central Park y el Puente de Brooklyn (en Nueva York) donde recurría frecuentemente la desnudez, los cuales encerraban una fuerte protesta contra la Guerra de Vietnam; también realizo trabajos de instalación. Ya para ese entonces había estado internada varias veces por exceso de trabajo. Al irse de Nueva York, se convirtió en una artista olvidada; fue recién a fines de los 80, cuando algunas muestras retrospectivas revivieron el interés en ella; al mismo tiempo que se daba el éxito del pabellón japonés en el Bienal de Venecia en 1993 (del que ella formó parte). Realizó grandes exposiciones en en los más destacados museos del mundo, de hecho muchas de sus obras son parte de las colecciones permanentes y sus trabajos también forman parte de las más exquisitas colecciones privadas. El estudio donde continúa produciendo obras está muy cerca del hospital en el que reside permanentemente en Tokio. A Kusama se le cita frecuentemente diciendo: "Si no fuera por el arte, yo me habría quitado la vida hace mucho tiempo." ​

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