Velázquez: la historia detrás de la obra.


Una de las obras más lindas y una de las más enigmáticas de Velázquez, quienes tuvieron la oportunidad de verla, recordarán lo impactante que es, sobre todo por su tamaño: “La fábula de Aracne” o “Las hilanderas” (como se lo conoce popularmente). En un primer plano se ve una sala con cinco mujeres que se preparan para comenzar a tejer; detrás de ellas, en una habitación apartada y elevada, aparecen tres señoritas lujosamente vestidas, en la pared de esa estancia cuelga un tapiz que representa una escena mitológica. Como gran parte de las obras de Velázquez, encierra cierto simbolismo mitológico, ya que trata la cosmogonía de “La fábula de Atenea y Aracne” (que pertenece al libro sexto de Las Metamorfosis, del poeta romano Ovidio). La joven Aracne, tejía tan bien que la gente de su ciudad comenzó a comentar que lo hacia mejor que la diosa Atenea, inventora de la rueca. Entre todas las cosas que confeccionó, tejió un tapiz en el que relató los engaños que utilizaba Zeus (padre de Palas Atenea), para conseguir favores sexuales de mujeres y diosas. Esto constituyó una ofensa contra la diosa, quien como castigo por deshonrar a su padre, transformó a la joven Aracne en araña, condenada a tejer eternamente. El tapiz hecho por Aracne es ese que está colgado de la pared de la estancia del fondo (en donde están las tres señoritas), el cual muestra el desenlace de la fábula: la diosa (que aparece con su atributo del casco), a punto de transformar a la joven tejedora en araña. Esa condena a tejer durante toda la vida es lo que nos pone el pintor en primer plano, con las hilanderas: debido al lugar en donde nacieron (es decir su clase social), es lo único que van a hacer, hasta que mueran. Las señoritas en cambio, elevadas en otra habitación y apartadas de ella, no tienen ese tipo de condena. El artista dividió la obra en dos planos, como dos relatos que se contraponen (justamente como las vidas de las hilanderas y las señoritas). Una de las tres mujeres en la estancia del tapiz, se vuelve hacia el espectador, sorprendida por un observador curioso que mira la escena (es decir, nosotros); típico del barroco. La obra se daño en 1734 tras el incendio que destruyó por completo el Alcázar de Madrid (el Palacio Real). Desde allí, fue trasladada al Palacio del Buen Retiro​ y posteriormente se cita como parte de la colección del Palacio Real. En 1819, se inaugura el actual Museo del Prado y trasladan el cuadro allí (junto con otras obras de las Colecciones Reales); en donde lo pueden ver actualmente. (Al parecer la obra sufrió una modificación cuando perteneció a las Colecciones Reales: fue ensanchado por sus cuatro costados, y dichas partes no fueron pintadas por Velázquez. Aparentemente esta ampliación se debió al daño sufrido durante el incendio de 1734. Estas ampliaciones se ocultan al público encajando el cuadro en una doble pared).

#España #Madrid