¿Quién es Rosi Foglia?


Rosi Floglia es una artista autodidacta, inquieta, experimentativa. Quizás sin darse cuenta, desafía sus límites constantemente, llevándolos a extremos más que enriquecedores. Artista callejera emergente, sus pegatinas embellecen Buenos Aires con una delicadeza única. Estudió diseño gráfico, carrera que abandonó por el diseño de indumentaria y que la llevó a toparse con los papeles madera que se usan para la moldería. Ese simple encuentro con un material tan sencillo como las hojas, la fue guiando y orientando con el dibujo y los acrílicos: “Empecé a usar el papel para dibujar, copiaba mucho a otros artistas” cuenta Rosi. Así, la indumentaria quedó de lado y se dedicó de lleno a formarse dentro del dibujo y la pintura. Pero como Rosario es muy inquieta, y no se llevaba bien con las reglas que le imponían sus clases de dibujo hiperrealistas, comenzó a probar con las formas geométricas: “Agarraba fotos viejas que había en mi casa y las copiaba. Las iba completando con círculos, y construía las imágenes a partir de esos circulitos que después rellenaba para darle volumen a la imagen”. Durante este tiempo se centró mucho en el dibujo, le sacaba fotos a su cuerpo y las redibujaba, volcándole cierto grado de erotismo y comenzando a dejar un poco de lado las formas geométricas. Pero cierto enojo asomo con el dibujo, había algo en ellos que ya no la satisfacía; y quizás el paso fugaz que tuvo por el diseño gráfico la condujo a digitalizarlos. Los escanaba, los retocaba y los imprimía; aún así no le gustaba lo que había hecho. Y fue en ese momento, mientras hablaba con una amiga, que se le ocurrió salir a pegarlos por la calle (ya que no sabia que hacer con ellos). Los pegaba en los carteles que había por la vía pública, durante el dia. Fue entonces que, junto con un amigo, empezaron a salir pero esta vez de madrugada y las pegatinas se volvieron su modo de expresión. Con el tiempo, sus carteles se hicieron más grandes, seguramente los vieron por algún rincón de la ciudad de Buenos Aires, lo que sucede es que jamás los firmo. El colectivo de artistas callejeros la recibió muy bien, y con algunos de ellos salieron a recorrer las calles juntos. La obra de Rosi es de una delicadeza extrema, son suaves, sensibles pero enérgicas a la vez, llenas de detalles exquisitos. El dibujo no desapareció del todo, ya que los vuelca sobre su computadora y los va modificando hasta obtener la imagen que quiere. Luego la imprime en hojas de distintos tamaños, que a modo de rompecabeza va rearmando cuando sale a pegar. Le gusta reproducir personajes mitológicos, figuras femeninas lascivas. Ahora Rosi (como le dicen sus amigos) está produciendo obra de bastidor, siempre experimentando con diversas técnicas que la lleven más allá de sus propios confines. Su intención es llevar la pegatina a un soporte más “institucional”, quizás más legítimo; aun así, no pierde su esencia transgresora. Definitivamente una artista versátil, cambiante, tornadiza pero por sobre todas las cosas fiel a sí misma.

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