Los fascinantes dibujos de Victor Hugo


La mano de Victor Hugo, no solo escribió algunas de las mejores novelas de la literatura universal, también experimentó con el dibujo. Aunque el artista no opacó al poeta, su trabajo pictórico es de gran relevancia. Fue un autodidacta y las obras son, en su mayoría, de tamaño pequeño. Algunos de sus dibujos le sirvieron para ilustrar sus escritos (“Los trabajadores del mar”, por ejemplo), y otros para enviárselos a sus amigos a modo de saludo en determinadas fechas festivas. Hugo pinto gran parte de su vida, pero el miedo a la crítica y cierta inseguridad sobre su talento como pintor, lo hizo ser muy reticente al momento de publicar sus dibujos. En principio sus trabajos eran más bien realistas, pero con el tiempo fueron adquiriendo una dimensión casi fantástica. Los temas van desde lo grotesco a lo sarcástico, desde lo figurativo a la abstracción e incluso hasta lo surrealista. El talento del escritor no pasó desapercibido entre sus contemporáneos, ya que le valió las alabanzas de Charles Baudelaire y del gran pintor romántico Delacroix. Estas son algunas de las reseñas sobre sus obras pictóricas: “Muchas de las pinturas de Hugo han sobrevivido. Uno reconoce en ellas a un dibujante consumado, la audacia de ejecución y un sentido de la poderosa creatividad. Aún hoy su obra tiene el poder de asombrarnos por la habilidad, la composición sólida, y con frecuencia por los efectos teatrales de luces y sombras que parecen haber sido alcanzados por el poeta-dibujante bajo un arrebato directo de inspiración”. Jersey Heritage Trust. “Una vez que el papel, el lápiz y la tinta se han puesto sobre la mesa, Víctor Hugo se sienta, y sin hacer un boceto preliminar, sin ningún tipo de preconcepto aparente; se pone a dibujar con una mano extraordinariamente segura, no quizás del paisaje en su conjunto, pero sí de algún detalle. Él comenzará su bosque con la rama de un árbol, su ciudad con un frontón, su frontón con una veleta; y poco a poco, toda la composición emergerá del papel en blanco con la precisión y la claridad de un negativo fotográfico sometido a la preparación química que lleva a cabo la imagen. Una vez hecho esto, el dibujante se pide una taza y acabará con su paisaje con una ligera lluvia de café negro. El resultado es un dibujo inesperado y poderoso, que es a menudo extraño, siempre personal; y recuerda los grabados de Rembrandt y Piranesi “. Charles Hugo. El propio Victor Hugo habla de “garabatos” al referirse a sus dibujos, pero a nosotros nos queda más que claro que sin dudas se trató de un artista con un doble talento: el de escritor y el de pintor. (La obra es “La tour des rats” de 1847).

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