El artista empresario.


Pensar en Jeff Koons es evocar su “Ballon Dog”, su “Michael Jackson and Bubbles”, su tan sensible “Ballerina”, su “Rabbit” o la serie “Made in Heaven” (con las poses tan explícitas de las esculturas de la actriz porno italiana Cicciolina, con quien estuvo casado por un tiempo). Sus inicios se remontan a la década del 70, donde el uso de elementos cotidianos para la ejecución de sus piezas lo convirtió en un desobediente. Lo que el artista nos presenta en sus obras son elementos cotidianos (como el vidrio, plástico o acero inoxidable, que puede encontrarse en una olla de cocina) convertidos en piezas brillantes que nos llaman la atención por su exuberancia y sus tan prolijas terminaciones. Muchas de las piezas “metalizadas” nos devuelven un reflejo del ambiente circundante (o de nosotros mismos). Interesante. (Atención, que no todas sus obras tengan esta característica). Koons también coqueteo con el mundo del marketing y la publicidad, al realizar una serie de avisos protagonizados por famosos jugadores de básquet. Asimismo realizó unas esculturas en miniatura para una marca de bebidas alcohólicas. El uso del Kitsch y la magnitud de sus obras son un lenguaje singular, pero es a partir de su escultura “Puppy” que se vuelven más monumentales. Cabe destacar que Koons fue muy audaz al momento de comunicar su obra, supo valerse del marketing para comercializarlas (que como imaginaran, se venden a precios monstruosos). También cuenta con un gran equipo de trabajo (hoy en dia ya no existe la figura del artista solitario). Sus obras han sido exhibidas en museos de todo el mundo como el Whitney Museum of American Art, el Guggenheim de Bilbao, el Centre Pompidou de París, en Palazzo Vecchio y Piazza della Signoria en Italia, en Museo Malba en Argentina; así como en galerías de arte. Además, sus piezas ya forman parte de las colecciones permanentes de algunas pinacotecas públicas y privadas.

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