“Sin Caravaggio no hay Rembrandt”.


Cuando hablamos de tenebrismo, estamos haciendo referencia a un estilo de la fase inicial del barroco, esto es a comienzos del siglo XVII. El principal exponente de esta corriente fue Caravaggio y también José de Ribera. En ocasiones se habla de un naturalismo tenebrista (que no debe confundirse con el movimiento pictórico francés de finales del siglo XIX denominado "naturalismo"), la pintura de esta escuela trabaja con un fuertisimo contraste de luces y sombras, antítesis que logra mediante una forzada iluminación de determinadas áreas de la composición. Otro aspecto importante y a destacar, es la escasez de personajes y los estrechos espacios en los que se los representa; las obras consisten en escenas sencillas, por lo que son siempre hechos relevantes dentro de la historia que se narraba. (Pero atención: no es excluyente, ya que existen muchas pinturas en donde hay grupos de personas). Muchas veces se alude al “caravaggismo”, y es que fue tal el impacto que tuvo ese modo tenebrista que empleo Caravaggio al momento de pintar, que se considera al tenebrismo un estilo/corriente/escuela por sí misma. En arte se emplea una frase que es “sin Caravaggio no hay Rembrandt” (traigamos a la mente la pintura de este último, para poder completar este dicho); y no solo eso, también se llegó a identificar como una corriente específica al tenebrismo español. La palabra tenebrismo proviene del latín tenĕbrae, que quiere decir tinieblas. Contenía la precisión representativa heredada de los pintores renacentistas, y una nueva forma de pintar que no se valía únicamente de aspectos simbólicos. La atmósfera generada transmitía un mensaje de manera más teatral, y es que lo dramático y escénico fue un componente clave del barroco. El recurso más fuerte que utiliza, consiste en iluminar las escenas con una sola fuente de luz dirigida (como en el teatro); este foco puede ser la luminosidad que entra por una ventana en un ambiente cerrado, el fuego de una vela, o un rayo de luz divina que baja desde el cielo (presencia de dios). La iluminación es muy precisa y vuelve más íntimas las escenas. Pero si las luces son así de apasionadas, es porque las sombras son tan vehementes como ellas; noten que por lo general estas aparecen desde las tinieblas, rompiendo con ellas. Los periodos siguientes al barroco tenebrista, ya no se caracterizaron por este recurso, las pinturas vuelven a ser más luminosas, aunque la técnica si se mantuvo en la escultura. La corriente influyó en pintores como La Tour, Rembrandt, van Honthorst, Zurbarán y Velázquez entre otros. (La obra es “Judit y Holofernes” de Caravaggio, 1599. La encuentran en la Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma - Italia).