Muralismo Mexicano


Es uno de los géneros más distintivos de América Latina. Tiene su origen en la Revolución mexicana de 1910, sin embargo no es hasta 1921 cuando se inicia formalmente el Movimiento Muralista Mexicano. Artistas e intelectuales participaron en la construcción de una nueva identidad nacional, con la intención de consolidar los ideales sociales creados en la revolución. Destacando el nacionalismo dentro de su arte, también se buscó cambiar las ideas segregacionistas preexistentes contra los indígenas, las cuales habían sido creadas durante el periodo colonial. A partir de ese momento la Escuela Muralista Mexicana comienza a adquirir prestigio internacional, no sólo por ser una corriente artística, sino por ser un movimiento social y político. Así, el arte se convertía en un instrumento al servicio de los ideales de revolución, los murales retratan temas como la rebelión, la lucha de las clases y el hombre indígena. Entre los miembros de este movimiento se destacan David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Diego Rivera y Rufino Tamayo. Una gran cantidad de murales fueron producidos entre 1920 y 1970, con el tiempo los mensajes políticos se volvieron menos radicales aunque permanecieron con firmeza. Como mencionamos, mucha de la producción resaltaba el aspecto indígena de la cultura mexicana, considerándolo un cimiento importante en la creación del México moderno. Otra característica común de este movimiento, era el rechazo a ese ideal de que el arte era sólo para una minoría selecta; el arte era para todos, y las masas también podían beneficiarse con él. Eran de tamaños descomunales ya que se plasmaban en las grandes paredes de los edificios coloniales; si bien los temas eran análogos, las técnicas varían de acuerdo a cada artista. Resurgieron viejas técnicas como el fresco (que es pintar sobre paredes recién enyesadas, por lo que los pigmentos se secan junto con la cal); también se utilizaban mosaicos y cerámicas (muy característica de Mexico). En resumidas cuentas, la finalidad del muralismo fue expresar ideas políticas y sociales, ser una especie de “publicidad oficial” de la revolución; así como desarrollar una temática pública de una estética socio-realista. Tuvo su epicentro en la Ciudad de México, aunque pronto se propagó por todo el territorio nacional. Uno de los murales más conocidos por su polémica y contenido fue "Man at the crossroads" (El hombre controlador del universo), pintado por Diego Rivera en 1934 para el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Inicialmente había sido un encargo para el Centro Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos) en 1933. Pero la obra quedó inconclusa ya que Rivera introdujo un retrato del líder comunista Vladimir Lenin, lo que fue rechazado por la familia Rockefeller y el mural finalmente resultó destruido. (En 1934, Diego lo reelaboró en México) Si bien como movimiento artístico comprende las obras realizadas hasta 1955, son muchos los murales que se realizaron en todo el territorio mexicano con el mismo mensaje. Es frecuente encontrarlos en edificios gubernamentales, colegios e iglesias. El Muralismo Mexicano influyó en los artistas del momento (tanto nacionales como internacionales), comunicando sus pensamientos y provocando conciencia social; este movimiento sigue vivo hasta el día de hoy.

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