Aspen y la guerrilla en Latinoamérica: “The revolution will not be gray”.


Cuando pensamos en Aspen, lo primero que se nos viene a la cabeza es nieve, esquí, snowboard, glamour; mucho glamour. El mito nos llevaría a pensar que, el museo de ese exclusivo centro o polo, cuenta con la más selecta colección de arte y las más privilegiadas muestras. El mito es falso, y la exhibición “The Revolution Will Not Be Gray” fue la viviente prueba de ello. El color acero del cielo prevé un estallido de viento y lluvia. Es la tarde ideal para calar hondo adentro de un museo. Veinte minutos después de entrar, veo por las paredes vidriadas la tormenta de granizo que se desata. Precisamente un estallido, es lo que no esperaba encontrarme en el Aspen Art Museum. En el subsuelo se desarrolla una de las más impactantes manifestaciones artísticas que me tocó (y por suerte) presenciar; no solo por las técnicas y disciplinas con las que se nos declaran los artistas que la conforman, sino por el todo que la componen: distrito, arquitectura/diseño del museo y sala de exposición. La exhibición está conformada por diez artistas, de distintas partes del mundo. Las obras encarnan la protesta, la fuerza y la extremidad con la que fue llevada a cabo la revolución en diversos países de Latinoamérica. Los términos son blanco o negro, pero nunca grises. El siglo XX acarreó grandes revoluciones: la uruguaya, que fue decisiva en la suerte del país (en 1904), la mexicana (iniciada en 1910), la boliviana (ocurrida en 1952), la cubana (a comienzos de 1959) y finalmente La Nicaragüense (sucedida a finales de la década de 1970). Estas revoluciones, fueron motorizadas por la intervención de sectores sociales históricamente excluidos; todas y cada una de estas poseen sus propios rasgos. The Revolution Will Not Be Gray es propiamente un estallido dentro del museo. Una biblioteca (visualmente incomoda al ojo del espectador), nos convida al pasar, una selección de libros de autores como Ernesto Guevara, Eduardo Galeano, Karl Marx, Lenin y Walter Benjamin entre otros. Una serigrafía de fondo en blanco y negro, proclama “if the function of writing is to express the world”. Ahora sí que irrita! La instalación central nos obliga a recorrer si o si, en dirección circular el espacio predefinido por el curador, detalle no menor prestarle atención al color: rojo sangre. Estancada, inmóvil, pesada. Aun así, no nos molesta, no interfiere, acompaña la incomodante pero apasionante sensación que nos produce la muestra. Más serigrafías se nos imponen desde el extremo occidental, invocando los coloridos países latinoamericanos; su fuerza, su vigor, alzando su voz, su presencia, su conciencia, su verdad. Serigrafías enteramente enfrentadas a una pared que proclama “If in a fight, hit first and hit hard.”, al otro lado del charco de sangre. Pero esto no es lo más espectacular que tuvo la muestra, no. Lo más espectacular es la sala contigua, en donde se despliega una pegatina de afiches originales, con propaganda política. Como un estallido se alzan en la blanca pared y entre otras cosas proclaman: “Está usted en territorio zapatista. Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece. Junta de buen gobierno. Corazón céntrico de los zapatistas delante del mundo. Zona altos”. Se me viene a la cabeza que “Está usted en territorio artístico. Aquí manda el arte y la institución obedece”. Lo infinito del arte es que nunca me decepciona, nunca me deja de sorprender, ni como espectadora ni como curadora. La exhibición estuvo abierta al público durante el 2016. Los artistas que participaron fueron: Andrea Bowers, Abraham Cruzvillegas, Claire Fontaine, Sharon Hayes, Iman Issa, Tony Lewis, Glenn Ligon, Carlos Motta, Pedro Reyes, Adam Pendleton, and Carey Young. (Foto: Aspen Art Museum)

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