Yo quiero a mi país: arquitectura en las Misiones Jesuíticas


Las reducciones jesuíticas guaraníes fueron un grupo de pueblos (treinta en total), fundados por la orden católica de la Compañia de Jesus en el SXVII. El fin último de estas “misiones” era la evangelización de los indios (guaraníes principalmente). Quince de ellas estaban en las actuales provincias argentinas de Misiones y Corrientes, ocho en Paraguay y siete en Brasil; pero para entonces ese territorio era la Provincia Jesuítica del Paraguay, perteneciente al Virreinato del Peru.

La música ocupó un lugar destacado en las misiones, cada una de ellas tenía un coro con una orquesta; sonaban instrumentos como el arpa y el violín. Pero lo que más impacta de las ruinas que quedaron es la imponente arquitectura que nos dejaron. Se habla del “barroco jesuita” (pensemos que en España estamos en pleno auge del barroco), se utilizó y trabajo muchísimo la madera; mientras que la piedra solía utilizarse para las murallas y fachadas de edificios.

En todas las misiones, el centro de la ciudad estaba destacado por una gran plaza cuadrada; en uno de sus lados se situaban la iglesia, el colegio y más alejado el cementerio, mientras que en los tres restantes las casas de los indios. También había un cabildo, hospitales, cárceles y despensas de víveres. Las casas de los aborígenes era muchos mas sencillas (pero no precarias), que los edificios principales, que era en donde vivían los curas (en realidad ellos residían en la iglesia). Absolutamente todos los pueblos jesuitas contaron un trazado urbano bien calculado, prolijo y meticulosamente planificado.

La iglesia y sus edificios siempre fueron las principales construcciones del pueblo, y no era casualidad que junto con el colegio y el cementerio formaran un bloque único y destacado. Toda la vida política, religiosa y social acontecía allí.

Algunas de las misiones jesuíticas han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En su próximo viaje por la Argentina, Paraguay o Brasil espero que las tengan en cuenta… Les aseguro que se van a sorprender.

(La foto es de San Ignacio Miní, en Misiones - Argentina). Yo quiero a mi país.

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