David y Betsabé.


El baño de Betsabé (1594), Cornelis van Haarlem.

En el antiguo testamento Betsabé fue ​esposa de Urías el hitita (un soldado del ejército israelí) y posteriormente una de las esposas del Rey David. David vio desde la terraza del palacio a una hermosa mujer bañándose, quiso saber sobre ella y le dijeron que se trataba de Betsabé. Él manda a llamarla a través de una carta y ella se presenta en el palacio; tras convertirse en amante del rey queda embarzada. Su esposo Urías, que luchaba en el ejército del monarca, muere en el campo de batalla tras una maniobra ejecutada por el rey David. Luego de guardar luto por siete días, Betsabé, se traslada al palacio del rey en donde parecería que el hijo fuese de Urías y así quedaría a salvo el honor de David. Pero Dios envía al profeta Natán para reprender al rey quien termina por arrepentirse, sin embargo el enviado anuncia que el hijo nacido de la relación con Betsabé moriría, y así fue. A pesar de haber sido absueltos por el adulterio se sucedieron una serie de asesinatos, intrigas y luchas que minaron la vida del Rey David; parte de un castigo adicional impuesto por Dios. Del enlace entre Betsabé y el rey David nacieron luego dos hijos, de entre los que destacó quien sería el último rey de Israel, Salomón. La obra muestra el momento exacto del baño de Betsabé, quien es asistida por sus damas. Es una escena cargada de sensualidad y atractivo, que nos recrea la lujuria que sintió el Rey David en el instante en el que la vio bañándose; su presencia la sugiere el castillo que se ve de fondo. La sirvienta negra de Betsabé, le da a la pintura cierto matiz exótico.